Para ser sincera te diré que eres la vía de escape a la que suelo recurrir.
No quiero mentirte,
ni puedo,
mucho menos cuando vivo en un corazón anexo al mío.
No puedo mentirme,
soy un animal herido que no puede levantarse en el intento,
y ya ha caído tantas veces que le es indiferente intentarlo una vez más.
No encuentro el amor de nadie que luche por mantenerme en alza entre sus brazos,
mientras cada rincón de mi alma llora pidiendo socorro.
Socorro, digo sin pronunciar palabra.
Es el silencio, que mantiene la llama de un impulso encendida,
y puede que sea contradicción, decir que las cicatrices me mantienen viva,
pero juro que cada una de las heridas que previamente sangraron,
son las marcas que me hacen saber que he vivido, en algún momento, de alguna historia.
Que bonito saber que lo que un día dolió
es lo que te mantiene en el recuerdo, una eternidad.
Tocas las cicatrices,
suavemente, con las yemas de los dedos
y te das cuenta de que al fin y al cabo, eso te ha hecho fuerte,
o cobarde, no sé... pero te hacen sentir viva.
Libre de haber curado o lamido las heridas abiertas.
Libre de haber abierto con recuerdos todas éstas
y haberlas hecho volver a sangrar.
Porque sí. Porque eres tuya, y haces lo que quieres.
Porque prefieres ser tú la que abra tus heridas, a un gilipollas.
Me siento viva. De recuerdos.
Me siento viva, y bailo las canciones que suenan en mi cabeza.
Me siento viva, y eso es lo que me hace sonreír, mientras pido socorro, ¡que me ahogo!
Ya me han dicho alguna vez que tengo el corazón tan grande,
que va siendo hora de sacarlo,
porque no me cabe en el pecho.

Soy feliz, aunque lloro
como todo el mundo al que le duele algo,
y más si se trata del corazón.
Soy feliz, porque estoy orgullosa
de haberlo dado todo por las personas
que de verdad conquistaron mi corazón.
Porque sí. Porque se lo merecen.
Y soy feliz, porque a pesar del dolor,
he querido.
He querido por encima de todo,
como quien no teme al amor
cuando aparece como un soplo de aire,
o un suspiro pidiendo socorro;
como quien besa con los ojos cerrados suplicando que nunca se acabe;
como quien mira a los ojos y dice más que con cualquier palabra...
como amar, por encima de cualquier putada, puñal o pero.
Pero soy feliz,
porque un día me enseñaron que si algo duele,
la sonrisa cura un poco.
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