Como aquel cabaret en el que acabamos más cachondos que
cansados.
Como aquel beso que pedía lengua y acabó en polvo.
Como aquel polvo que dibujamos con la lengua
y aquel chupetón entre las piernas sin planear.
Como aquel lunes que pareció viernes impregnados de sexo
y olor a café.
Como aquella mañana que fue noche entre mis piernas y tu
cuello,
a rebosar de carmín y de karma...
Como un fénix en su último baile antes de empezar a
arder...
Saboreaste mentiras que no tenían
nombre.
Gritaste su nombre al compás de mi último gemido
y fluidos
corrieron por mi piel.
Lloraste.
Pulsaciones aceleradas que un día llevaron mi nombre,
ahora son mariposas muertas debajo de tu ombligo.
Lápidas sobre las que besar la lluvia antes de volver a nacer.