Hoy llueve, como cuando tú lloras.
Y he visto llover muchas veces.
Estoy mirando por la ventana cómo la lluvia nos cala los huesos.
Hoy llueve como cuando lloro, porque has dejado de reír.
Las calles están vacías de gente que corre buscando un lugar en el que refugiarse.
Estoy mirando por la ventana y la ciudad a oscuras me recuerda a ti. Me recuerda a ti, por lo que has sufrido, por no haberte sabido decir, que todo iba a ir bien...
Me veo en el reflejo de la ventana y te veo a ti.
Te veo a ti, porque esta sonrisa es tuya, porque esta sonrisa es tuya por lo que has luchado.
Por lo que has luchado, mamá.
No hay precipicio que no saltase por verte sonreír.
Me veo reflejada en los cristales de esta ventana y te sigo viendo a ti, porque tengo tus mismos ojos, porque soy igual a ti. Porque llevo tus miedos anclados en el nudo en la garganta que no me deja respirar, porque me duele el pecho, cuando tiemblas cada noche.
Hoy miro por la ventana con los ojos tristes y la sonrisa de un valiente. Porque soy igual a ti.
Porque hemos vencido a la mala suerte y a los cobardes que se han cruzado en nuestros caminos pisoteando nuestros corazones,
porque hemos podido con todos los huracanes, con todos los terremotos.
Porque no estás sola.
Ojalá algún día, dejemos de llevar la sonrisa a cuestas
y que todos y cada uno de los que te han pisado, te sonrían al verte pasar.
Porque eres la mujer a la que cualquier mujer querría parecerse y cualquier hombre querría tener a su lado.
Porque eres felicidad, aunque no la hayas tenido.
Porque no te hace falta envidiar a nadie,
porque eres magia.
Porque eres tú, mamá.
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