No cierra el cajón donde guardo todos los sueños
que no me llegaste a cumplir...
He buscado en la despensa alguna medicación
que me haga dejar de echarte de menos
y solo he encontrado helado de chocolate,
dicen que va bien para eso de los dolores del corazón...
Mientras el cielo cae y la gente vuelve de trabajar,
yo te espero en lencería de encaje,
frente a la puerta de entrada a mis piernas.
Ojalá tengamos que recurrir a la salida de incendios
si esto se nos va de las manos.
Cuántas quemaduras nos hemos marcado en la piel,
con besos bajo la lluvia
de marzo
y de abril
y de junio
y de noviembre...
Cuántos te quiero hemos pronunciado bajo el frío de agosto,
tirados en el césped de cualquier parque enamorado de nuestras risas nocturnas.
Cuántas cervezas echan de menos nuestros labios calientes
tras haber quemado, leído y releído en braille
cada verso salido de nuestras bocas.
Nunca nos atrevimos a enfrentarnos a los miedos,
ni a las guerras que provocaban disparos a nuestros corazones,
inmunes, todavía, a las inundaciones de lágrimas
que encharcaban nuestros lacrimales.
No me he rendido.
Ni me rendiré ante un "vete" tuyo.
No me iré, aunque me lo pidas,
pues no malgastes tu tiempo en suplicar.
Y si te digo "vete", lárgate.
(pero vuelve en un rato)
Ya lo dijo Machado,
Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Sigue los pasos que he dejado tiempo atrás,
y probablemente te enamores de las huellas, del rastro que dejé para ti,
para que volvieras al lugar en el que estoy esperándote con una maleta vacía,
para llenar de nuevos recuerdos.
Porque, ¿qué somos si no una acumulación de recuerdos?
No busco la aprobación de nadie de los que un día me apuntaron con el dedo,
diciendo que no lo iba a conseguir.
Sigo aferrándome a las manos que me sujetan la cara entre lágrimas
y me besan los ojos con miradas de complicidad que dicen;
"llora aquí pequeña, todo lo que tengas que llorar"
y acarician los miedos que recorren mis piernas y las hacen temblar.
Nunca me hizo falta subirme un poco más la falda
ni bajarme la camisa para hacer presencia.
No me gusta la gente que tiene al lado a otros para usar y tirar.
Siempre he sido de las personas a las que les duele el corazón
y llora,
y llora
y no hay quien la pare;
como en la pista de una discoteca vacía,
bailando toda la noche con la soledad, con las penas que hielan el alma.
Ya no pido nada más.
No pido nada más que a mi madre
no le pase nada malo,
que haya alguien ahí arriba
que nos salve de los miedos
y que llegue la persona adecuada
cuando tenga que llegar.
No busquéis el amor.
El amor llega igual que se va.