Las chicas tristes son las más bonitas.

Me he mudado

Dejo de usar esta página. Ya no voy a escribir aquí.

He cogido las maletas.

28 noviembre, 2015

Epifanía



Estoy respirando la ultima bocanada de aire
que me queda.

Te escribo encerrada entre estas cuatro paredes de papel, aunque a mis palabras ya no les quede voz.

Tengo besos rotos bajo la manga y un puñado de silencios del ultimo adiós. Del adiós de bienvenida.

Estoy en plena crisis primaveral donde ni el más capullo me hace renacer de mis cenizas.

Anoche tuve frío y la necesidad de describirme,
porque aun no me reconocía.

Sigo siendo la niña de los ojos de mi madre
y las espaldas de mi hermano ante el dolor de una puñalada.

Sigo andando de puntillas a oscuras por los pasillos de mi casa y escribiendo en la nevera los miedos que aun no he superado.

Sigo con esa extraña manía de reírme cuanto más duela,
por no llorar.

Cada vez, te quiero menos.
Lo siento.

Te pongo entre aviso;
y es que estar contigo, es soledad.

Hoy no queda nada
y el que nada, se puede ahogar.


04 noviembre, 2015

Libertad





¿Con qué motivo buscáis libertad en un amor, si no la usais para ser libres?

Me han hablado de lo que es volar, y a pesar de ello, 
nadie lo ha conseguido por ataduras en los pies 
o en el corazón.

Os podréis quitar los zapatos, tacones, bailarinas... 
y no por ello conseguiréis alzar el vuelo 
si no os quitáis las ataduras ni los remordimientos.

Me han hablado de la magia de ser libre
y de que nadie la ha sabido utilizar correctamente,
aunque cada uno entienda por correcto lo que quiera.

Se os resbala de las manos la poca magia que os conceden,
y no sabéis diferenciar una lágrima tras un momento de felicidad.

Creéis que ser libres es hacer cualquiera de las cosas que se os pasen por la cabeza sin ser juzgados,
y no es así.

Libertad es poder y no querer hacer.
Preferir una y mil veces a la persona que has elegido 
que a las muchas que podrías elegir.
Porque en eso se basa el compromiso, muy a pesar de tantos.

- Sí. Quiero.

... y te concedo la mayor felicidad del mundo, 
si soy en los únicos ojos que te veas reflejado.

Ya lo dijo Melendi, buscando tu mirada entre los ojos de la gente,
y que bonito si fue capaz de conseguirlo.

Sigo en busca de la tuya, y no hay ninguna que se le asemeje.

No me pidas libertad, si lo que buscas es volar de flor en flor,
o mejor dicho, de capullo en capullo.

Te regalo unas alas y que encuentres lo que buscas,
las mías se rompieron hace tiempo.

Sigo con el aleteo de mis mariposas debajo del ombligo, 
que no buscan más que morir en el tuyo.

He guardado para ti, un trocito de cielo, 
por si algún día decides volver para volar juntos.

No te preocupes si lo ves un poco gris
puede que esté algo desteñido, 
de lo que lloré en tu ausencia.


                                                                 Fotografía: Raúl Luengo

26 octubre, 2015

Inmarcesible.




Me columpié en la luna entre cuerdas de orquídeas;
la brisa de la primavera mecía mis cabellos,
y el viento te traía de vuelta.

Los pies descalzos sentían entre las comisuras de los dedos cosquillas de felicidad
por sentirse libres de las rocas surcadas en tu búsqueda.

Pasaban las estaciones, y yo te seguía esperando.


Sentada en el andén, con una maleta vacía y flores mustias en la mano,
miraba a través de cada ventanilla de los trenes que pasaban como estrellas fugaces
pidiendo que cerrase los ojos y pidiese un deseo.
Que te pidiese.

Que te pidiese, a ti.


Miraba el mapa que guardaba bajo la manga, con la que antes había secado mis lágrimas, 
tan sucio como las suelas de mis pies desnudos,
y solo conseguía ubicarme en la ciudad de tu ombligo, a la que nunca me dejabas pasar,
pero solía habitar cuando necesitaba un refugio.

Cuando ni mi sombra me acompañaba.
Cuando la soledad calaba lo más profundo de mis huesos, 
hasta doler.


La lluvia de la primavera mojaba el vestido blanco que llevaba, haciéndolo transparente; 
marcando una silueta con cada una de mis curvas,
en las que solías perderte aposta,
sin querer buscar salida.
Y me lloró 
hasta el alma.


El cielo encapotado de Octubre, se quebraba al ver salir el sol
y la soledad daba saltos de alegría.
Sus carcajadas parpadeaban en forma de rayos de sol cegando el camino de los pájaros
que alzaban sus alas en busca de otro hogar;
de otra ciudad,
migrando en busca del calor para sus helados corazones.

Un rayito de sol que entraba por el ventanal del andén 441 
me hizo cerrar los ojos para sentirlo.
Y te sentí cerca.

Caminé entre hojas secas que crujían a cada paso,
y me hice amiga del viento, que corría entre nosotros dos,    
en forma de un suspiro.

Temblé en cada lágrima y en cada latido de tu corazón.

Seguía pasando el tiempo, y los días parecían una eternidad.
Y llegó el invierno.


Mis pies descalzos, amoratados por el frío, dejaron de sentir.
Mis manos, sentían punzadas de dolor;
y la escarcha cubría mis pestañas obligándome a cerrar los ojos y llorar.

Y el verano, no llegó nunca.
Se congeló el ultimo rayo de sol predestinado a unos segundos de vida. 
Como quien muere de cáncer.














Esta, es la introducción al caos, 
el nostálgico viaje de las niñas que dicen adiós.


17 septiembre, 2015

Ellipsism



"A un segundo de rendirme te encontré.
El pasado es un mal sueño que acabó,
un incendio que en tus brazos se apagó...
cuando estaba a medio paso de caer
mis silencios se encontraron con tu voz"


Hablo de magia, no de casualidades.

Nunca he creído en el destino, ni en el deber de que las cosas pasen.
No creo en las fechas, ni en los acontecimientos que celebrar.
Creo en los momentos, en las manecillas de la vida 
y en el recuerdo que te deja una canción.

No creo en las horas que pasan como huracanes 
destrozando el camino recorrido de una vida,
creo en los corazones que nos dan el brazo y nos sacan del pozo sin fondo, 
del horizonte que no acaba nunca por mucho que no dejes de caminar.

Creo en las huellas de los pasos que dejamos en el aire, sin llegar a rozar el suelo.
Creo en el beso, y en el sabor que deja después en la memoria.

No creo en perfumes,
creo en fragancias impregnadas en nuestro olfato en recuerdo de alguien querido.

Creo en el significado de una lágrima y en las muecas de felicidad tras haber llorado.
Creo en el brillo de los ojos, en la victoria de haber amado 
y en el dolor de una silenciosa puñalada.


Creo en Dios, pero ni Dios es para tanto cuando hablamos de tus manos.

Creo en los mordiscos como muestra de amor aunque hagan daño
y en el tacto de una piel erizada por el frío de la soledad,
al llegar a casa sin ti.

Hogar es donde está el corazón.

No hay lugar más cálido en el que refugiarse 
y ya es contradicción cuando tengo que explicarle 
por qué cierro las ventanas al llegar Septiembre.
Septiembre. Eso es hogar.
Sentir el frío calando los huesos, saborear el primer beso 
y bailar Septiembre, bailar.

Hace mucho que dejé de creer en Cenicienta y su ultimo baile,
porque nunca es tarde para echar uno contigo, aunque a los hombres no os guste bailar.

Creo en que me digas, vamos a comprar tabaco juntos
porque ya no existirá la típica excusa de marcharte sin despedir...

Creo en el paso del tiempo que deja un mal sabor de boca,
y en el suspiro de alivio por convertir los malos tragos, 
en pequeñas dosis de esperanza.

Creo en ti sin hablar de confianza,
porque habrás sido obstáculo en el camino, pero también fuiste impulso en el vuelo.

Creo en el primer paso que decidimos dar juntos 
en este camino que se ha visto impedido mil veces, 
y se ha expuesto a despedidas mil y una veces más.

Creo en las corazonadas que me obligaron a decir "te echo de menos" 
después de haber estado meses sin saber nada de ti.

Creo en la escasez cada vez que me meto en la cama y pienso que no hay suficientes "te quiero" para calmar un corazón herido,
y me doy cuenta de que no hay mejor cura que la propia enfermedad.

Creo en el amor, porque me enamoré como se enamoran los valientes;
temblando de miedo.

Porque al final del día después de una discusión, 
lo que me duele es el corazón, no la cabeza.

No hay gracias, ni besos que resuman esto.
No hay destino, ni casualidades.

Hay personas y baches en el momento indicado 
pidiendo que te enamores de ellos,
porque al final del camino habrá sido victoria el haber recorrido una larga distancia entre tormentas que simplemente entre rayos de sol.

                                                                      Te quiero.

04 septiembre, 2015

Socorro, Soy feliz.




Para ser sincera te diré que eres la vía de escape a la que suelo recurrir.

No quiero mentirte, 
ni puedo, 
mucho menos cuando vivo en un corazón anexo al mío.

No puedo mentirme, 
soy un animal herido que no puede levantarse en el intento, 
y ya ha caído tantas veces que le es indiferente intentarlo una vez más. 

No encuentro el amor de nadie que luche por mantenerme en alza entre sus brazos, 
mientras cada rincón de mi alma llora pidiendo socorro.

Socorro, digo sin pronunciar palabra.

Es el silencio, que mantiene la llama de un impulso encendida,
y puede que sea contradicción, decir que las cicatrices me mantienen viva,
pero juro que cada una de las heridas que previamente sangraron, 
son las marcas que me hacen saber que he vivido, en algún momento, de alguna historia.

Que bonito saber que lo que un día dolió 
es lo que te mantiene en el recuerdo, una eternidad.

Tocas las cicatrices, 
suavemente, con las yemas de los dedos 
y te das cuenta de que al fin y al cabo, eso te ha hecho fuerte, 
o cobarde, no sé... pero te hacen sentir viva.

Libre de haber curado o lamido las heridas abiertas. 
Libre de haber abierto con recuerdos todas éstas 
y haberlas hecho volver a sangrar.
Porque sí. Porque eres tuya, y haces lo que quieres.
Porque prefieres ser tú la que abra tus heridas, a un gilipollas.

Me siento viva.   De recuerdos.

Me siento viva,  y bailo las canciones que suenan en mi cabeza.

Me siento viva,  y eso es lo que me hace sonreír, mientras pido socorro, ¡que me ahogo!

Ya me han dicho alguna vez que tengo el corazón tan grande, 
que va siendo hora de sacarlo, 
porque no me cabe en el pecho.


      Soy feliz, aunque lloro                               
      como todo el mundo al que le duele algo, 
      y  más si se trata del corazón.

      Soy feliz, porque estoy orgullosa 
      de haberlo dado todo por las personas 
      que de verdad conquistaron mi corazón.
      Porque sí. Porque se lo merecen.

      Y soy feliz, porque a pesar del dolor, 
      he querido.
      He querido por encima de todo, 
      como quien no teme al amor 
      cuando aparece como un soplo de aire, 
      o un suspiro pidiendo socorro;
como quien besa con los ojos cerrados suplicando que nunca se acabe;
como quien mira a los ojos y dice más que con cualquier palabra...
como amar, por encima de cualquier putada, puñal o pero.

Pero soy feliz, 
porque un día me enseñaron que si algo duele, 
la sonrisa cura un poco.






18 agosto, 2015

Nunca antes, ni más.




Nunca pedí que me bajasen las estrellas
ni que me regalasen el cielo.

Nunca pedí el sol si no era para tomarlo juntos;
siempre fui más de pedir que el frío nos acunase para poder refugiarme bajo tus brazos.

Nunca pedí que no me rompieran el corazón,
ni que nadie me hiciese llorar alguna vez que otra,
no fui de esas que buscan el amor en cualquier mirada,
pero sí de las que se enamoran de las sonrisas a primera vista, y elegí tu boca.

Pero, ya no estoy
ni soy
para nadie.

Tiro el corazón por si alguien quiere acabar de pisotearlo,
aunque os aviso,  que ya lo está mucho.

Nunca pedí un amor de película,
nunca me ha gustado resumirlo en dos tristes horas.

Nunca llegué tarde cuando necesitaste un hombro al que besar,
que no al que llorar,   (prefería hacerlo yo por ti)
nunca me ha gustado verte hacerlo.

"¿Qué tal?" siempre fue el pretexto perfecto para empezar una conversación,
aunque siempre he preferido el cosquilleo de esperar a que tú lo preguntases,
a pesar de que no te interesase cómo estaba.

Nunca supliqué que escuchases mi llanto,
pero que por favor, no lo consintieses.

No te dije nunca que te estremecieses si me veías resoplar por un enfado,
ni que me regalases flores el día de nuestro aniversario.

¿Veis?
Nunca pedí tanto.
Y ya no me sale gritar.

No voy a dejar pasar por alto más mentiras, si tú no me mantienes en alto.
Ya lo dejé claro una vez, no soy juguete de nadie.

Siempre me revolvieron el estómago las nanas y los cuentos de antes de dormir,
pues por favor, deja los cuentos a un lado,  las excusas no me convencen si no es para llevarme a la cama, y no precisamente a dormir.

¿Te queda claro?
A todo el mundo le cansa dar
para no recibir
y mucho menos palos.

Joder.