Querido mundo,
Tengo miedo.
Miedo por cada alma perdida de esta
pequeña ciudad.
Por los cuerpos que vagan sin rumbo,
por cada indigente, con miedo a morir de hambre, amamantado por el frío de las
noches de invierno, en algún portal. Con alguna que otra manta, encontrada en
contenedores envueltos de sombras, entre escombros caídos, de las zonas más pobres
de estas calles solitarias, pero tan llenas de gente.
Tengo miedo.
Miedo por cada una de las familias
que trabajan sin descanso por dar de comer a sus hijos, por tener un sitio en
el que dormir y en el que despertarse. Por tener un motivo por el que verles
sonreír.
Tengo miedo.
Por los amantes de la vida, y del
amor.
Por los amantes del peligro, y los
amantes del sexo.
Por cada beso perdido en nuestros
ombligos, y cada rosa mustia, reflejando un amor pasado.
Tengo miedo, por ese San Valentín
solos y esa cena romántica que se quedó fría.
Tengo, realmente miedo, por ser la
pieza del puzzle que no encaje, por ser la nube que no llora y la estrella
fundida en una noche estrellada.
Tengo miedo, porque el miedo no me
arropa, ni tus brazos, ni otros brazos que no sean los tuyos.
Tengo miedo, porque nada es
suficiente para dejar de tener miedo a las alturas, porque nuestros ojos, se
ven más bonitos desde arriba, rezando no tener miedo a nada más que a nosotros
mismos.
Tengo tanto miedo, por la gente que
cada día derrama una lágrima que no es de felicidad…
Tanto miedo, por las sonrisas vacías
y los sueños rotos, por las miradas tristes y por las personas que no dicen “te
quiero”.
Me da pánico, esa gente con el
corazón de piedra.
Esa gente, que abandona a sus
mejores amigos, a sus amigos más fieles, sin ni si quiera mirarles a los ojos,
con esos mismos con los que ellos miran a sus dueños llenos de amor…
Me da miedo esta ciudad llena de
gente fría.
Me da miedo este mundo, que si
pudiera, se caería a cachos por lo mal que lo tratamos.
Tengo miedo a la gente que no dice
“te echo de menos” por orgullo y valora las cosas cuando ya las ha perdido.
Me da mucho miedo, la gente que no
come chucherías por si les salen caries, y solo piensan en el futuro, en vez de
vivir el presente.
¿Qué más miedo que tener una boca
cerca y no poder besarla?
O una voz, que te diga, que no se
va, pero ya se haya ido…
Cuanto miedo, a las caricias que se
dan por debajo de la falda y a los escalofríos que provoca una cama vacía tan
llena de remordimientos.
Cuanto miedo, en un mundo tan
pequeño, lleno de seres que buscan el calor de un abrazo, de un beso, de una
caricia…
Cuando miedo puede tener una persona
dentro de sí…
Cuanto miedo puede abarcar dentro de
nuestros corazones, dentro de nuestras sonrisas, dentro de ti y dentro de mi.
Cuanto miedo da el miedo.