Las chicas tristes son las más bonitas.

Me he mudado

Dejo de usar esta página. Ya no voy a escribir aquí.

He cogido las maletas.

25 junio, 2016

Preocupación

Él no se ha fijado en cómo vas pintada hoy. En qué rímel usas.

No ha pensado en lo guapa que te has puesto.

En lo mucho que te arreglas para él.


Y llega el día en que te deja por otra, cualquiera, que se arregla mucho más.

Que se preocupa por estar guapa para calentarle la bragueta, no por estar guapa para él.

Entonces, tú, con el rímel corrido, sabes que estás sola, con tu spotify y tus ojeras.


20 marzo, 2016

Y si algún día...


Si algún día fuese pregunta, ¿serías la respuesta?

Si algún día fuese historia, ¿serías tú el poema?


Si algún día fuese canción, ¿me bailarías?

Si algún día perdiese la vista, ¿serías mi guía?


Si algún día me encerrasen, ¿pagarías la fianza?

Si algún día fuese crimen, ¿serías mi condena?

Si algún día fuese libre, ¿serías mis alas?


Si algún día fuese odio, ¿romperías los esquemas?


Si algún día no tuviese el don de la palabra, ¿serías mi voz?


Si algún día olvidase tu olor, 

¿volverías?





13 febrero, 2016

Aquí, en la ciudad.



Me han llamado gata varias veces,
no sé si por el sexto sentido o las siete vidas, de las que aun conservo tres.

Cuatro las maté mientras vivía,
dentro de ti.

Surqué el mar de tus lagrimales,
cabotaje entre dos mundos.

Navegué por cada rincón de tu piel.
Embarqué un viaje por tu pelo y me alojé en él.


Durante el día, la palabra. El ruido.

Intentaba susurrarte que estaba ahí, contigo, 
aunque no pudieses verme.
Te escuchaba en silencio. 

Tu voz era el lugar en el que quedarse a vivir. 
Música para mis oídos.

Durante la noche, las caricias, 
el calor de las velas. 
Escalofríos en la nuca.

Los silencios. Las miradas. 
El infierno entre las sábanas.

Aquí, en la ciudad, 
se oyen los murmullos de gente que reza,
a Eric Clapton sonando de fondo,
y las lágrimas de una madre derruida como las Torres Gemelas.


No te prometo el cielo, 
pero puedes trepar por mis caderas.
Ilustración: elgalgo.es

31 enero, 2016

Hogar

Hoy llueve, como cuando tú lloras.
Y he visto llover muchas veces.

Estoy mirando por la ventana cómo la lluvia nos cala los huesos.


Hoy llueve como cuando lloro, porque has dejado de reír.
Las calles están vacías de gente que corre buscando un lugar en el que refugiarse.

Estoy mirando por la ventana y la ciudad a oscuras me recuerda a ti. Me recuerda a ti, por lo que has sufrido, por no haberte sabido decir, que todo iba a ir bien...


Me veo en el reflejo de la ventana y te veo a ti.
Te veo a ti, porque esta sonrisa es tuya, porque esta sonrisa es tuya por lo que has luchado.
Por lo que has luchado, mamá.

No hay precipicio que no saltase por verte sonreír.


Me veo reflejada en los cristales de esta ventana y te sigo viendo a ti, porque tengo tus mismos ojos, porque soy igual a ti. Porque llevo tus miedos anclados en el nudo en la garganta que no me deja respirar, porque me duele el pecho, cuando tiemblas cada noche.

Hoy miro por la ventana con los ojos tristes y la sonrisa de un valiente. Porque soy igual a ti.
Porque hemos vencido a la mala suerte y a los cobardes que se han cruzado en nuestros caminos pisoteando nuestros corazones,
porque hemos podido con todos los huracanes, con todos los terremotos.

Porque no estás sola.

Ojalá algún día, dejemos de llevar la sonrisa a cuestas
y que todos y cada uno de los que te han pisado, te sonrían al verte pasar.
Porque eres la mujer a la que cualquier mujer querría parecerse y cualquier hombre querría tener a su lado.
Porque eres felicidad, aunque no la hayas tenido.
Porque no te hace falta envidiar a nadie,
porque eres magia.

Porque eres tú, mamá.


29 diciembre, 2015

Gritar





Grito desde el abismo aquel en el que te acaban de cerrar la puerta de un portazo,

desde el plano detalle de una cerradura en la que detrás, hay una mujer llorando.



Grito desde aquel vete

sin despedida ni vuelta atrás,

desde aquel mensaje leído sin contestación

tras cuatro llamadas perdidas.



Grito desde el mensaje en el buzón de voz en el que escuchas un ¿sí? y empiezas a hablar con la esperanza de escuchar su voz, aun sabiendo que no habrá ninguna jodida respuesta.


Grito desde la ignorancia de ver una foto suya y no saber dónde está, ni a cuánta distancia están nuestros cuerpos, fríos, después de una lluvia torrencial de Noviembre.


Grito desde la punzada de una estaca al corazón, 
que no era más que una verdad, atravesando el pecho.


Grito desde el infiel al que le come el remordimiento follándose a otra;

desde la amante, que se siente querida en los brazos de un hombre que no es más que el hombre de otra mujer;

y desde el engaño

que quiere gritar a voces que pares.

Que acabes con la mentira a tiempo,

porque te estás mintiendo a ti mismo.




Grito desde el otro lado de la ventana, 
en la que la mujer engañada, se arregla para su marido infiel.


Grito desde el balcón desde el que a un niño se le escapa un globo, vestido de azul, de inocencia.


Grito desde la inocencia de quien lleva un jersey roto y dice que se le acaba de descoser.

Grito desde una madre a la que le han arrebatado a su hijo, y sigue abriendo la puerta de su habitación para darle las buenas noches.

Me hago hueco en cada arruga de la cara de un abuelo, en la que ha habido más achaques que en cualquier guerra de un corazón herido, y grita que la juventud vuelva, y que su mujer también.

Grito desde el hombre que dice que no le saben querer, cuando es la única excusa que puede atribuir al no saber querer él.


Grito a la desconfianza a pleno pulmón, y más,
al que hace que desconfíen de él.

Grito desde el que dice que no tiene miedo,
porque no hay más miedo,

que decir que no lo tienes.

Coraza, lo suelen llamar.


Grito desde el silencio que hago para escuchar a mi madre cantar por las mañanas;


"Que nadie te obligue a morir cortando tu alas al volar".



Grito desde la piel que se eriza con el tacto de unos labios, y con los labios,
grito que vuelvas, 
tiempo.

Que vuelva el tiempo perdido,
en el que perdimos la batalla de no saber amar.

28 noviembre, 2015

Epifanía



Estoy respirando la ultima bocanada de aire
que me queda.

Te escribo encerrada entre estas cuatro paredes de papel, aunque a mis palabras ya no les quede voz.

Tengo besos rotos bajo la manga y un puñado de silencios del ultimo adiós. Del adiós de bienvenida.

Estoy en plena crisis primaveral donde ni el más capullo me hace renacer de mis cenizas.

Anoche tuve frío y la necesidad de describirme,
porque aun no me reconocía.

Sigo siendo la niña de los ojos de mi madre
y las espaldas de mi hermano ante el dolor de una puñalada.

Sigo andando de puntillas a oscuras por los pasillos de mi casa y escribiendo en la nevera los miedos que aun no he superado.

Sigo con esa extraña manía de reírme cuanto más duela,
por no llorar.

Cada vez, te quiero menos.
Lo siento.

Te pongo entre aviso;
y es que estar contigo, es soledad.

Hoy no queda nada
y el que nada, se puede ahogar.