Las chicas tristes son las más bonitas.

Me he mudado

Dejo de usar esta página. Ya no voy a escribir aquí.

He cogido las maletas.

17 septiembre, 2015

Ellipsism



"A un segundo de rendirme te encontré.
El pasado es un mal sueño que acabó,
un incendio que en tus brazos se apagó...
cuando estaba a medio paso de caer
mis silencios se encontraron con tu voz"


Hablo de magia, no de casualidades.

Nunca he creído en el destino, ni en el deber de que las cosas pasen.
No creo en las fechas, ni en los acontecimientos que celebrar.
Creo en los momentos, en las manecillas de la vida 
y en el recuerdo que te deja una canción.

No creo en las horas que pasan como huracanes 
destrozando el camino recorrido de una vida,
creo en los corazones que nos dan el brazo y nos sacan del pozo sin fondo, 
del horizonte que no acaba nunca por mucho que no dejes de caminar.

Creo en las huellas de los pasos que dejamos en el aire, sin llegar a rozar el suelo.
Creo en el beso, y en el sabor que deja después en la memoria.

No creo en perfumes,
creo en fragancias impregnadas en nuestro olfato en recuerdo de alguien querido.

Creo en el significado de una lágrima y en las muecas de felicidad tras haber llorado.
Creo en el brillo de los ojos, en la victoria de haber amado 
y en el dolor de una silenciosa puñalada.


Creo en Dios, pero ni Dios es para tanto cuando hablamos de tus manos.

Creo en los mordiscos como muestra de amor aunque hagan daño
y en el tacto de una piel erizada por el frío de la soledad,
al llegar a casa sin ti.

Hogar es donde está el corazón.

No hay lugar más cálido en el que refugiarse 
y ya es contradicción cuando tengo que explicarle 
por qué cierro las ventanas al llegar Septiembre.
Septiembre. Eso es hogar.
Sentir el frío calando los huesos, saborear el primer beso 
y bailar Septiembre, bailar.

Hace mucho que dejé de creer en Cenicienta y su ultimo baile,
porque nunca es tarde para echar uno contigo, aunque a los hombres no os guste bailar.

Creo en que me digas, vamos a comprar tabaco juntos
porque ya no existirá la típica excusa de marcharte sin despedir...

Creo en el paso del tiempo que deja un mal sabor de boca,
y en el suspiro de alivio por convertir los malos tragos, 
en pequeñas dosis de esperanza.

Creo en ti sin hablar de confianza,
porque habrás sido obstáculo en el camino, pero también fuiste impulso en el vuelo.

Creo en el primer paso que decidimos dar juntos 
en este camino que se ha visto impedido mil veces, 
y se ha expuesto a despedidas mil y una veces más.

Creo en las corazonadas que me obligaron a decir "te echo de menos" 
después de haber estado meses sin saber nada de ti.

Creo en la escasez cada vez que me meto en la cama y pienso que no hay suficientes "te quiero" para calmar un corazón herido,
y me doy cuenta de que no hay mejor cura que la propia enfermedad.

Creo en el amor, porque me enamoré como se enamoran los valientes;
temblando de miedo.

Porque al final del día después de una discusión, 
lo que me duele es el corazón, no la cabeza.

No hay gracias, ni besos que resuman esto.
No hay destino, ni casualidades.

Hay personas y baches en el momento indicado 
pidiendo que te enamores de ellos,
porque al final del camino habrá sido victoria el haber recorrido una larga distancia entre tormentas que simplemente entre rayos de sol.

                                                                      Te quiero.

04 septiembre, 2015

Socorro, Soy feliz.




Para ser sincera te diré que eres la vía de escape a la que suelo recurrir.

No quiero mentirte, 
ni puedo, 
mucho menos cuando vivo en un corazón anexo al mío.

No puedo mentirme, 
soy un animal herido que no puede levantarse en el intento, 
y ya ha caído tantas veces que le es indiferente intentarlo una vez más. 

No encuentro el amor de nadie que luche por mantenerme en alza entre sus brazos, 
mientras cada rincón de mi alma llora pidiendo socorro.

Socorro, digo sin pronunciar palabra.

Es el silencio, que mantiene la llama de un impulso encendida,
y puede que sea contradicción, decir que las cicatrices me mantienen viva,
pero juro que cada una de las heridas que previamente sangraron, 
son las marcas que me hacen saber que he vivido, en algún momento, de alguna historia.

Que bonito saber que lo que un día dolió 
es lo que te mantiene en el recuerdo, una eternidad.

Tocas las cicatrices, 
suavemente, con las yemas de los dedos 
y te das cuenta de que al fin y al cabo, eso te ha hecho fuerte, 
o cobarde, no sé... pero te hacen sentir viva.

Libre de haber curado o lamido las heridas abiertas. 
Libre de haber abierto con recuerdos todas éstas 
y haberlas hecho volver a sangrar.
Porque sí. Porque eres tuya, y haces lo que quieres.
Porque prefieres ser tú la que abra tus heridas, a un gilipollas.

Me siento viva.   De recuerdos.

Me siento viva,  y bailo las canciones que suenan en mi cabeza.

Me siento viva,  y eso es lo que me hace sonreír, mientras pido socorro, ¡que me ahogo!

Ya me han dicho alguna vez que tengo el corazón tan grande, 
que va siendo hora de sacarlo, 
porque no me cabe en el pecho.


      Soy feliz, aunque lloro                               
      como todo el mundo al que le duele algo, 
      y  más si se trata del corazón.

      Soy feliz, porque estoy orgullosa 
      de haberlo dado todo por las personas 
      que de verdad conquistaron mi corazón.
      Porque sí. Porque se lo merecen.

      Y soy feliz, porque a pesar del dolor, 
      he querido.
      He querido por encima de todo, 
      como quien no teme al amor 
      cuando aparece como un soplo de aire, 
      o un suspiro pidiendo socorro;
como quien besa con los ojos cerrados suplicando que nunca se acabe;
como quien mira a los ojos y dice más que con cualquier palabra...
como amar, por encima de cualquier putada, puñal o pero.

Pero soy feliz, 
porque un día me enseñaron que si algo duele, 
la sonrisa cura un poco.






18 agosto, 2015

Nunca antes, ni más.




Nunca pedí que me bajasen las estrellas
ni que me regalasen el cielo.

Nunca pedí el sol si no era para tomarlo juntos;
siempre fui más de pedir que el frío nos acunase para poder refugiarme bajo tus brazos.

Nunca pedí que no me rompieran el corazón,
ni que nadie me hiciese llorar alguna vez que otra,
no fui de esas que buscan el amor en cualquier mirada,
pero sí de las que se enamoran de las sonrisas a primera vista, y elegí tu boca.

Pero, ya no estoy
ni soy
para nadie.

Tiro el corazón por si alguien quiere acabar de pisotearlo,
aunque os aviso,  que ya lo está mucho.

Nunca pedí un amor de película,
nunca me ha gustado resumirlo en dos tristes horas.

Nunca llegué tarde cuando necesitaste un hombro al que besar,
que no al que llorar,   (prefería hacerlo yo por ti)
nunca me ha gustado verte hacerlo.

"¿Qué tal?" siempre fue el pretexto perfecto para empezar una conversación,
aunque siempre he preferido el cosquilleo de esperar a que tú lo preguntases,
a pesar de que no te interesase cómo estaba.

Nunca supliqué que escuchases mi llanto,
pero que por favor, no lo consintieses.

No te dije nunca que te estremecieses si me veías resoplar por un enfado,
ni que me regalases flores el día de nuestro aniversario.

¿Veis?
Nunca pedí tanto.
Y ya no me sale gritar.

No voy a dejar pasar por alto más mentiras, si tú no me mantienes en alto.
Ya lo dejé claro una vez, no soy juguete de nadie.

Siempre me revolvieron el estómago las nanas y los cuentos de antes de dormir,
pues por favor, deja los cuentos a un lado,  las excusas no me convencen si no es para llevarme a la cama, y no precisamente a dormir.

¿Te queda claro?
A todo el mundo le cansa dar
para no recibir
y mucho menos palos.

Joder.


13 agosto, 2015

Ataques al corazón





Y un día empezó y continuaron los ataques.
Ataques de histeria, de llanto, de cansancio,
ataques de rabia y de frustración.

Ataques que le rompían el alma, 
ataques, que me rompían el corazón.




No sé cuándo ni cómo empezaron, 

no sé el motivo, ni el lugar, ni lo que sintió la primera vez. 
Impotencia es la palabra que lo define.
Supongo.

Se sentía incapaz de frenarlo. Se le paralizaban los pies antes de llegar a la meta. 

Era una carrera difícil de alcanzar. Era un inicio infinito, una salida a la que no conseguía llegar.

Recuerdo cuando te dio uno de esos ataques, no creo que pueda olvidarlo.

No podías parar de llorar y pedirme una ayuda que no supe darte. 
Nunca llegué a explicarte por qué no pude hablarte, por qué no pude decirte lo que sentía, por qué no pude responder a tus preguntas... Un nudo paralizaba mi habla, mientras me suplicabas que te hablase y yo, solo podía pensar en no derrumbarme. En no llorar delante de ti. Tenía que mostrarme fuerte para que no decayeras, para que no empeorases, para que no pensases que una situación así podía conmigo.

Tus palabras fueron estacadas para un angustiado corazón, que no pudo ayudarte.

Me daba vértigo cuando respirabas agitado;  tocar tu cara pálida, fría por el sudor que recorría tu frente era un motivo por el que querer echar a llorar, pero sabía que no podía.
No podía caer en la derrota.
No podía dejar que te dieses por vencido.

Palabras de ánimo recorrían mi cabeza, sin poder dejarlas salir más allá de mis labios rojos, pintados de pleno dolor. Fui incapaz de decirte que podías con eso. Que podías con eso y con todo lo que te impidiese seguir adelante. Que nada era una piedra en tu camino, que solo los te quiero que te decía cada vez que te querías rendir serían esas piedras que te hicieran levantarte.


No sé si es valentía escribir esto, o fui tan cobarde de no poder decírtelo mirándote a los ojos.


Solo me sale escribir, porque si hablo, será imposible controlar el llanto.





18 julio, 2015

Toda una vida vive muerta



Nacemos llorando,
para seguir llorando toda una vida.

Vivimos, para poder pagarnos una vida.
Y vivimos para alimentarnos del amor de alguien que sepa dárnoslo.
Y nos rompen el corazón.

No hace falta morir para estar muertos, basta con estar en cuerpo
pero no en alma.

Nos aferramos a creer en algo que sabemos que en realidad, no existe.
Nos agarramos a una esperanza que se desvanece en cuanto nos damos la vuelta.

Y es ahí, cuando los demás se dan cuenta de que te están perdiendo,
"Doctor, le estamos perdiendo",
ahí, ahí es cuando se nos abren los ojos y se nos cierra el corazón.

No queremos darnos cuenta, de que cada día morimos un poco más
y vivimos menos.

Cuando no mira nadie, a veces las cosas salen bien,
pero muchas otras, se nos secan las lágrimas de tanto dolor que tenemos dentro.

No es peor la distancia que separa cuerpos, 
sino los secretos que separan corazones.

Sigo buscando la palabra que me haga tocarte,
sin que nuestros cuerpos estén cerca.



Pues léeme los labios:
volvería a morir por ti.


16 julio, 2015

Y tú y yo, separados





Hay chicos en cada portal de mi calle.
Hay chicos en cada parada del 125 del autobús.
Hay chicos en la cola de la panadería de debajo de mi casa.
Y chicos fumando a la salida de mi bar favorito.

Hay chicos follando en discotecas, con morenas que acaban de conocer.
Hay chicos que dan follow a cada chica que enseña chicha.
Y hay chicos, que simplemente piensan en cómo hacer feliz a sus novias.

Hay chicas bailando al son del sol.
Hay chicas en el chino de tu casa.
Hay chicas subiéndose la falda para ligar con el primero que pase.
Hay chicas poniendo morritos para su próxima foto de perfil de Facebook.
Y chicas viendo una peli porno, que luego negarán haber visto.

Hay chicas arreglándose para sus novios.
Y hay chicas buscando quien será la próxima a la que quitar el novio.





Hay chicas solas.
Hay chicos solos.


Y luego estamos tú y yo.

Solos,   que se quieren.


¿Me explicas qué hacemos separados con todas las zorras 
y los gilipollas que se pueden meter en nuestra "relación"?

Ahora mismo podríamos estar follando.