"A un segundo de rendirme te encontré.
El pasado es un mal sueño que acabó,
un incendio que en tus brazos se apagó...
cuando estaba a medio paso de caer
mis silencios se encontraron con tu voz"
Hablo de magia, no de casualidades.
Nunca he creído en el destino, ni en el deber de que las cosas pasen.
No creo en las fechas, ni en los acontecimientos que celebrar.
Creo en los momentos, en las manecillas de la vida
y en el recuerdo que te deja una canción.
No creo en las horas que pasan como huracanes
destrozando el camino recorrido de una vida,
creo en los corazones que nos dan el brazo y nos sacan del pozo sin fondo,
del horizonte que no acaba nunca por mucho que no dejes de caminar.
Creo en las huellas de los pasos que dejamos en el aire, sin llegar a rozar el suelo.
Creo en el beso, y en el sabor que deja después en la memoria.
No creo en perfumes,
creo en fragancias impregnadas en nuestro olfato en recuerdo de alguien querido.
Creo en el significado de una lágrima y en las muecas de felicidad tras haber llorado.
Creo en el brillo de los ojos, en la victoria de haber amado
y en el dolor de una silenciosa puñalada.
Creo en Dios, pero ni Dios es para tanto cuando hablamos de tus manos.
Creo en los mordiscos como muestra de amor aunque hagan daño
y en el tacto de una piel erizada por el frío de la soledad,
al llegar a casa sin ti.
Hogar es donde está el corazón.
No hay lugar más cálido en el que refugiarse
y ya es contradicción cuando tengo que explicarle
por qué cierro las ventanas al llegar Septiembre.
Septiembre. Eso es hogar.
Sentir el frío calando los huesos, saborear el primer beso
y bailar Septiembre, bailar.
Hace mucho que dejé de creer en Cenicienta y su ultimo baile,
porque nunca es tarde para echar uno contigo, aunque a los hombres no os guste bailar.
Creo en que me digas, vamos a comprar tabaco juntos
porque ya no existirá la típica excusa de marcharte sin despedir...
Creo en el paso del tiempo que deja un mal sabor de boca,
y en el suspiro de alivio por convertir los malos tragos,
en pequeñas dosis de esperanza.
Creo en ti sin hablar de confianza,
porque habrás sido obstáculo en el camino, pero también fuiste impulso en el vuelo.
Creo en el primer paso que decidimos dar juntos
en este camino que se ha visto impedido mil veces,
y se ha expuesto a despedidas mil y una veces más.
Creo en las corazonadas que me obligaron a decir "te echo de menos"
después de haber estado meses sin saber nada de ti.
Creo en la escasez cada vez que me meto en la cama y pienso que no hay suficientes "te quiero" para calmar un corazón herido,
y me doy cuenta de que no hay mejor cura que la propia enfermedad.
Creo en el amor, porque me enamoré como se enamoran los valientes;
temblando de miedo.
Porque al final del día después de una discusión,
lo que me duele es el corazón, no la cabeza.
No hay gracias, ni besos que resuman esto.
No hay destino, ni casualidades.
Hay personas y baches en el momento indicado
pidiendo que te enamores de ellos,
porque al final del camino habrá sido victoria el haber recorrido una larga distancia entre tormentas que simplemente entre rayos de sol.
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| Te quiero. |





