Me
han llamado gata varias veces,
no
sé si por el sexto sentido o las siete vidas, de las que aun conservo tres.
Cuatro
las maté mientras vivía,
dentro
de ti.
Surqué
el mar de tus lagrimales,
cabotaje entre dos
mundos.
Navegué por cada
rincón de tu piel.
Embarqué un viaje
por tu pelo y me alojé en él.
Durante el día, la
palabra. El ruido.
Intentaba
susurrarte que estaba ahí, contigo,
aunque no pudieses verme.
Te escuchaba en
silencio.
Tu voz era el
lugar en el que quedarse a vivir.
Música para mis
oídos.
Durante la noche,
las caricias,
el calor de las velas.
Escalofríos en la nuca.
Los silencios. Las
miradas.
El infierno entre las sábanas.
Aquí, en la
ciudad,
se oyen los murmullos de gente que reza,
a Eric Clapton
sonando de fondo,
y las lágrimas de
una madre derruida como las Torres Gemelas.
No te prometo el
cielo,
pero puedes trepar por mis caderas.
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| Ilustración: elgalgo.es |